Eso pensé cuando estaba besandome en ese sillon. Parecía un duende, de esos chiquititos y enanitos y no me gustaba para nada. Me levanté y me fuí a dormir. Es así, si hay algo que aprendí este año es a hacer un poco lo que quiero, sin compromisos. Pero he aquí la pregunta del millón: ¿Qué quiero exactamente?. Entonces luego de mi cuestionamiento me contradigo (porque suelo ser muy fiel a lo que me caracteriza) y entonces reformulo mi teoría: No tengo la más remota idea de qué busco, pero tampoco quiero perder el tiempo en eso. Y ahí es cuando me pasa que siento dos cosas en mi cabeza (cuando tengo suerte!), en fin.. generalmente puedo dividir mi vida en dos grandes sectores:
1- La parte que me va bien.
2- El amor. Y todo lo que eso lleva, o no lleva.
El problema aparece cuando me preguntan cómo estoy, y yo tengo que responder con una sola palabra, o una frase corta, porque la gente no tiene tiempo para escuchar tanto. Es más, si llega a querer informarse sobre algo específico van al grano y ya. Es como esa publicidad de no sé que mierda, todos esperan que le digas "bien" y nada más.
Volviendo al tema del canje entre Amor y El Duende de Jardín, es muy simple.. La historia empieza..no, no sé cuando empezaron mis problemas con el amor. Lo que si sé es que nunca me sienta bien, yo siempre dije que no estoy hecha para estar en pareja, me mandaron así de fábrica, nací con las ilusiones muertas y bardeando a cualquiera que quiera acercarse más de la cuenta. También me pasa que me invento cosas, si, creo que ese es mi problema, suelo inventar mucho (que no es lo mismo que mentir), invento que me enamoro, que vivo feliz y que quiero a alguien al lado para toda una vida entera catapum catapam, arroz arroz casorio y demases. El punto está en que yo espero de esa palabra más que una ilusión, algo que vaya más lejos que un 14 de febrero, que una carta por mes, un chocolate de vez en cuando, besito va besito viene, al fin y al cabo casi todas las relaciones terminan en lo mismo: peleandose, enfermandose con todo eso que produce ese amor. Siempre hay algo para contaminar los sentidos, siempre se encuentra alguna manera de invadirse. Yo quiero algo que nisiquiera pueda ser nombrado, que no importe que palabra lleve o como se diga, quiero llover, reir desde adentro, que mi vida se pare, que el tiempo sea dos, sea nada, yo quiero algo que sea una totalidad. Yo quiero eso que no existe, por eso me compró todos los fines de semana un Duende de Jardín, para adornarme un rato mi cabeza, aunque siempre llega el momento en que descubro que no es más que una mentira.
El Opio de los Pueblos
Hace 4 horas







